domingo, 18 de octubre de 2020

La tía Tula

La Tía Tula es de esas novelas que te explican en el bachillerato, pero no te hacen leer. Se hizo una película en 1964, con éxito de crítica, pero fracaso de público.

Es una novela corta, 108 páginas si le descontamos prólogos y epílogos. En pocó más de 100 páginas, Unamuno consigue que algunos vean una novela sobre el protofeminismo, otros sobre la libertad, otros sobre el deber. Los más osados, sobre el deseo y el erotismo reprimidos. Para mí es una novela sobre el fanatismo. La protagonista tiene muy claro cuál es su obligación. Aunque ese deber no sea el que le imponga la sociedad. Cuando ese deber choca contra su felicidad y la de quienes la rodean, se impone el deber. Ahí empieza el fanatismo. El peligroso y poderoso fanatismo. Porque el fanático honrado resulta muy atractivo. Es coherente, es constante. Nadie osa contradecirle. Y nunca duda. A mí, el que nunca duda me da mucho miedo.

No sé si aconsejar la novela. El escenario nos queda muy lejano para los lectores actuales. Es fácil que te aburra. La solterona abnegada por motivaciones religiosas nos parece un personaje caduco. Pero, bueno, son sólo 100 páginas. Si no te gusta, no te hará perder mucho tiempo. Y si te gusta, te hará pensar. 


domingo, 11 de octubre de 2020

Cien metros

Una novela que recuerda, por la estructura, a Crónica de una muerte anunciada: corta, trepidante y en la que asistimos a la muerte inminente e inevitable del protagonista. Está huyendo de la policía y va armado. El escenario es San Sebastián en 1972. 

Ciento seis páginas no dan para para profundos análisis psicológicos no sociológicos. No creo que fuese ése el objetivo de Ramón Saizarbitoria, no los busques. Asómate, eso sí, al vértigo que da una muerte prematura: el miedo al dolor, la frustración de todo lo que te queda por hacer y las nostalgia de todo lo que pudo haber sido de otra manera.

Si esperas encontrar algo de apología del terrorismo, seguro que la encuentras. Los prejuicios son muy poderosos. Pero yo no la he apreciado.

Un consejo, no leas el prólogo. Destripa de arriba a abajo la novela y elimina las sorpresas que la enriquecen.

Derecho Natural

Una novela que narra las desventuras de una familia desestructurada en la España de la transición. Una familia desestructurada por la inconsciencia y el egoísmo de los padres, sobre todo del padre. Y a la que salvan de caer en la marginalidad los abuelos, los menospreciados abuelos. Como telón de fondo, aparecen pinceladas de lo que supuso aquella época: el terrorismo de ETA, el matonismo de la ultraderecha, la ilusión que trajo la llegada al poder del PSOE, los movimientos underground y la zarpa feroz de la heroína.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

El mal de Corcira

Leo esta novela coincidiendo con el estreno en HBO de la adaptación de Patria. No sé qué habrá pasado en otros ecosistemas, pero en el mío ha habido cierta polémica sobre la "neutralidad" de la obra de Aramburu. Como si fuese un ensayo histórico y no una novela. Por este motivo, no he podido evitar contaminar mi lectura de El Mal de Corcira con esa mirada: ¿será neutral Lorenzo Silva? Obviamente, no lo es. ¿Cómo va a serlo, si el protagonista es un guardia civil y está escrita en primera persona? Pero sí me parece equilibrada. Salen guardias civiles que hacen cosas malas y nacionalistas vascos que hacen cosas buenas. No esconde las barbaridades que se hicieron desde las fuerzas de seguridad. Pero que nadie espere que las equipare a las que hicieron los terroristas. Y en ese bando aparece un personaje que representa el fondo de la maldad, peor que cualquiera de los malos que salen en Patria: la maestra chivata que informa a un comando de que el padre de uno de los alumnos es guardia civil.

Por lo demás, una novela típica de Bevilacqua. Con un protagonista con más dudas, con menos Chamorro, pero, como siempre, una novela fiable. Reconocerás el paisaje, creerás reconocer el paisanaje y te lo pasarás muy bien leyéndola.

viernes, 11 de septiembre de 2020

117

 A finales de 2022, parecía que la pandemia estaba a punto de controlarse. Pero, regularmente, reaparecían pequeños brotes para los que los científicos no encontraban explicación. Muchos de nosotros empezábamos a sospechar la verdad. El 16 de febrero de 2023 lo publicaron: habían encontrado la explicación. Algunos individuos, por alguna extraña simbiosis, eran incapaces de eliminar el virus de su organismo sin desarrollar síntomas. Estaban siempre infectados. Yo era, mejor dicho, yo soy, yo sigo siendo uno de esos "contagiadores eternos" como nos bautizaron los medios sensacionalistas.

Cuando la doctora y la policía me informaron de que me tenía que aislar individualmente, me pareció normal. Llevábamos dos años con confinamientos intermitentes y pensé que era uno más. Me conectaba frecuentemente a internet buscando noticias. La vacuna se generalizaba, los tratamientos de los síntomas eran más eficaces... pero no aparecía ningún avance científico sobre los contagiadores eternos. Google sólo devolvía noticias de grupos de manifestantes que exigían medidas más contundentes contra nosotros: aislamiento total, esterilización... en algún momento alguien pediría nuestro exterminio.

En otoño de 2023 vinieron a buscarme a casa para trasladarme a una unidad de confinamiento. Un apartamento pequeño, muy confortable, con terraza, algunas máquinas de gimnasio, conexión de altísima velocidad, televisión de muchas pulgadas, acceso a Netflix, La Liga, Spotify... Pero sólo se abría y cerraba desde fuera. Los que exigían más control sobre los contagiadores eternos cada vez eran más y hacían más ruido. Los que protestaban por nuestra pérdida de derechos pronto encontraron una causa más popular y con más damnificados.

La psicóloga con la que hablaba por videoconferencia una vez a la semana me animaba a aprovechar las nuevas tecnologías para seguir una vida lo más normal y conectada con el exterior posible. También me sugirió ponerme en contacto con otras personas en mi misma situación e intercambiar impresiones. Un día, en una videoconferencia entre diez o doce afectados, una chica de Córdoba, en Argentina, empezó a expresar muy vehementemente lo que todos sentíamos. Estábamos encarcelados injustamente, teníamos que rebelarnos. Empezó a hablar de planes de fuga. No volvió a conectarse. Dos días después, leímos que en Argentina se había suicidado un contagiador eterno. Una semana después, Google dejó de darme noticias sobre enfermedades, Netflix dejó de ofrecerme documentales, desaparecieron los podcast de Spotify, en las narraciones de los partidos de fútbol el sonido se cortaba durante algunos segundos, no pude volver a conectarme con mis compañeros.

Desde entonces, estoy totalmente aislado del mundo. No sé que habrá sido de los demás. Entonces éramos 117.


sábado, 5 de septiembre de 2020

La noche del oráculo

Tienes un título que te parece muy chulo, pero no se te ocurre ninguna historia en la que ese título tenga sentido. Pues te inventas una historia en la que aparezca un libro ficticio y al libro ficticio le pones el título chulo, que, a su vez, te servirá de título para la novela. Lo hizo Ruiz Zafón con La sombra del viento y lo hizo Paul Auster con La noche del oráculo. Auster es, incluso, más rebuscado. El protagonista es un escritor, que escribe una novela sobre un editor al que le llega un manuscrito titulado, tachán, "La noche del oráculo". En este caso el libro ficticio ni siquiera es relevante. 

La novela narra los problemas creativos, económicos y personales de un escritor tras pasar una grave enfermedad. Una vida más bien anodina, con algún episodio casi mágico y unas últimas páginas trepidantes. Desconcertante y atractiva, como casi todo lo de Auster.

domingo, 16 de agosto de 2020

Cuando sale la reclusa

El comisario Adamsberg vuelve a hacer gala de su extraña intuición para vincular hechos aparentemente inconexos y descubrir que detrás de unas muertes aparentemente accidentales está la mano de un asesino. Como es de esperar, también descubre el asesino.

Lo que más me ha gustado de la novela  es la confrontación entre las normas y la ética. No me refiero a la disputa básica sobre si se debe obedecer una norma injusta. Fred Vargas va un paso más allá y nos muestra las contradicciones del comisario que se salta sin reparos las normas que le parecen inútiles, pero que es mucho más cuidadoso con las normas que, aún contradiciendo su ética, tienen efectos importantes.

Seguro que todos tenemos contradicciones de este tipo. Una posible explicación es el miedo a ser pillado, pero creo que eso no lo cubre todo.