martes, 19 de julio de 2016
El caso de la chica vacilante.
Esta novela policíaca parece una escena de caza de un halcón peregrino. Durante muchas páginas, Perry Mason da vueltas y más vueltas en torno a su presa, pero está muy lejos, no se acerca lo más mínimo. Los que seguimos la escena, sabemos quién es la presa, porque el abogado Mason dice que no se fía de ella y el abogado Mason no se equivoca nunca. Pero verle dar tantas vueltas resulta aburrido. Al final, desciende en picado y en cuatro o cinco páginas lo resuelve todo. Demasiado vertiginoso después de doscientas cincuenta páginas tan calmadas.
miércoles, 29 de junio de 2016
Adiós princesa.
Una conocida periodista de televisión aparece muerta con un disparo en el pecho. Una no aclarada relación con el príncipe de España hace que en la investigación se cruce mucha gente y con intereses muy distintos. El protagonista es un detective amigo del principal sospechoso y su misión es demostrar que su amigo es inocente. Quizás he leído la novela con algún prejuicio, lo de la periodista liada con el príncipe me ha parecido un poco zafio como señuelo comercial. El resultado es que no me ha acabado de convencer. Me ha gustado que Antonio Carpintero no sea infalible. Los demás personajes me han parecido mucho menos creíbles.
lunes, 30 de mayo de 2016
Luces de Bohemia.
La eterna vinculación entre la cultura y el malvivir.
Los gobernantes que admiran y maltratan a los escritores.
Los artistas que critican y buscan la protección de los que mandan.
La fascinación por lo que viene de fuera.
La mezquindad.
La solidaridad entre los desfavorecidos.
El egoísmo de los que dejan de ser desfavorecidos.
El abuso policial.
La enfermedad.
La muerte.
Los gobernantes que admiran y maltratan a los escritores.
Los artistas que critican y buscan la protección de los que mandan.
La fascinación por lo que viene de fuera.
La mezquindad.
La solidaridad entre los desfavorecidos.
El egoísmo de los que dejan de ser desfavorecidos.
El abuso policial.
La enfermedad.
La muerte.
lunes, 23 de mayo de 2016
Terminal 4, puerta 23.
Miro
la pantalla del móvil: Terminal 4, puerta 23. Guardo el teléfono en
el bolsillo y levanto la mirada. Estoy en la puerta 2. Voy bien de
tiempo, pero estoy cansado. Suspiro, pongo las manos en la barra del
carrito y empiezo avanzar hacia la puerta 23. Tengo una licenciatura
en económicas, buen nivel de inglés, experiencia... y llevo dos
años en paro. Así que he decidido salir de mi zona
de confort
y buscar trabajo donde me valoren. También tengo 52 años y todos se
han sorprendido con mi decisión, “eso es para los jóvenes, me
dicen”.
Esta mañana me ha traído al
aeropuerto Carlos, con el que trabajé los últimos doce años en el
banco.
- Estás a tiempo de arrepentirte. - Me ha dicho cuando he bajado del coche.
- Me saldrá bien, estaré mejor que ahora.
Justo al llegar a la puerta 23, zumba
el móvil. Lo saco del bolsillo y leo: Terminal 4, puerta 14, S-105.
Fijo los carritos a la columna y me dirijo a la puerta 23. Un S-105
creo que es recoger a un pasajero en silla de ruedas.
sábado, 21 de mayo de 2016
Riña de gatos. Madrid 1936.
La ficción no siempre es más mentirosa que los historiadores. Eduardo Mendoza nos presenta un personaje despistado que nos guía por un Madrid a punto de estallar. De su mano, nos daremos de bruces con Azaña, Franco o José Antonio. Creo que, si quieres hacerte una idea del clima que se respiraba en Madrid en los meses previos a la Guerra Civil, te será más útil y más divertido leer esta novela de aventuras que un sesudo ensayo.
jueves, 28 de abril de 2016
La porta.
La
infermera de triatge em mira l'ull dret. Treu una càmera de fotos
del calaix, la connecta a l'ordinador i dispara. Em torna els papers
que m'han donat a recepció.
- Sala d'espera tres. Segueixi la línia blava.
- Gràcies.
Em
sorprèn el to fred, sec, administratiu. Segueixo la línia blava.
Arribo a la sala d'espera tres. A les cadires hi ha cinc persones.
Una dona amb un nen des sis o set anys en braços. Una parella,
l'home s'abraça la panxa i mira al terra mentre la dona li acarona
el clatell. Un home sol que mira al sostre, o potser no, potser té
els ulls tancats. No ho veig bé. Tinc l'ull dret completament tancat
i l'esquerre ple de llàgrimes. Un altre home passeja amunt i avall
nerviós. Pot ser acompanya la dona del nen. M'he d'apropar molt el
rellotge per llegir l'hora: dos quarts de tres. Tres pacients per
davant meu, pot ser quatre. D'aquí no sortiré fins a les cinc o les
sis de la matinada. No aniré a treballar. Tampoc puc anar-hi amb
aquest ull. No vull explicar què ha passat.
No
he saludat i ningú m'ha mirat. Millor. Sec a una cadira d'un racó,
tan lluny com puc dels altres pacients. Tinc a la meva dreta un
cartell amb un calendari de vacunacions. Me'l miro fingint atenció
per apartar la mirada dels altres.
- Ramon Riu, box número 12.
La
megafonia m'ha sobresaltat. S'aixeca la dona del nen i l'home que
passejava els acompanya. Miro el rellotge: tres quarts de tres.
Encara anirem ràpid i podré dormir una mica. A treballar, però, no
hi aniré. Aquest ull... Torno a mirar fixament el calendari de
vacunacions.
- Marta Guixeras, box número 14.
Em
sobta sentir el meu nom. Pot ser m'he adormit. No, són les tres
menys cinc. M'aixeco i vaig cap a la porta evitant mirar als pacients
que han arribat abans que jo i que ara m'estaran maleint. Travesso la
porta i, al final d'un passadís, una infermera em crida.
- Aquí, Marta.
Li
dono els papers. Sec a la llitera. Em mira l'ull.
- Com t'ho has fet?
Dubto
uns segons. Miro al terra. Noto que em ruboritzo una mica.
- M'he aixecat per anar al lavabo i he xocat amb una porta que estava mig oberta.
sábado, 23 de abril de 2016
¿Liberar o abandonar?
Dicen que el libro electrónico está cambiando nuestra forma de leer. Ya no avanzamos unas páginas para ver si falta mucho para acabar el capítulo, nos cuesta más retroceder para aclarar algo... No sé. Lo que sí que me ha cambiado es la relación de propiedad con el libro. El libro de papel era para mí un fetiche, algo casi litúrgico. Me gustaba contemplar mis estanterías llenas de libros. Desde que compro (si, yo compro) libros digitales, mi relación con el objeto físico se ha relajado. ¿Para qué quiero poseer un libro que, casi con toda seguridad, no volveremos a leer ni yo ni nade en mi casa?
Así ahora me cuesta menos desprenderme de libros. Hoy, por ejemplo, para celebrar el Día del Libro, he dejado por ahí cuatro. Algunos románticos llaman a este acto liberación de libros. Yo no estoy seguro de si los he liberado o los he abandonado. Hasta hoy, estos libros estaban en mi estantería, en una prisión de la que no podían salir ni aprovechar a nadie. Si los adopta alguien que los lee, los comenta, los disfruta, los comparte... los habré liberado. Si acaban en las manos de alguien que los maltrata, los habré abandonado.
Como nunca sabré cómo les ha ido, diré que los he soltado. Una palabra poco precisa que tiene la virtud de no faltar a la verdad.
Así ahora me cuesta menos desprenderme de libros. Hoy, por ejemplo, para celebrar el Día del Libro, he dejado por ahí cuatro. Algunos románticos llaman a este acto liberación de libros. Yo no estoy seguro de si los he liberado o los he abandonado. Hasta hoy, estos libros estaban en mi estantería, en una prisión de la que no podían salir ni aprovechar a nadie. Si los adopta alguien que los lee, los comenta, los disfruta, los comparte... los habré liberado. Si acaban en las manos de alguien que los maltrata, los habré abandonado.
Como nunca sabré cómo les ha ido, diré que los he soltado. Una palabra poco precisa que tiene la virtud de no faltar a la verdad.
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