lunes, 23 de marzo de 2020

El perfume

Jean Baptiste Grenouille nació despreciado por la sociedad y con una sorprendente capacidad: identificar y dominar los olores. Para ser mala persona, basta con el odio. Para ser un gran criminal, necesitas, además, algo que te dé poder. Grenouille tenía las dos cosas.
¿Qué hubiese sido de Europa si Hitler no hubiese suspendido su examen de acceso a la Academia de Bellas Artes?
¿Qué hubiese sido de Alemania sin la brillante oratoria de Hitler?
Süskind tiene una gran  habilidad para hacernos ver los olores mediante las palabras. En algún momento, sus descripciones pecan un poco de prolija, pero en líneas generales está novela se devora.

martes, 17 de marzo de 2020

1Q84 (libro 3)

Dije que esperaría un poco antes de volver a las peripecias de Aomame y Tengo. Pero estaba muy enganchado, tuve que esperar media hora en un sitio, no tenía nada a mano para pasar el rato y compré el libro.
Quizá tenía que haber esperado. Me ha gustado menos que los dos primeros. La novela fantástica y de aventuras se ha convertido en una novela romántica. Aomame, confinada una temporada en un piso por su seguridad (ya es casualidad leerlo ahora), no hace otra cosa que maquinar cómo encontrar a Tengo. Poniendo su seguridad en peligro y dando la dosis de tensión que sigue haciendo atractiva la tercera parte de esta historia.

viernes, 21 de febrero de 2020

Cumplimiento de condena.

Al salir de la cárcel, no me esperaba nadie. Resoplé aliviado. Habían pasado diecisiete años desde que los medios se volcaron sobre la desaparición de Sandro. Dieciséis, desde que me detuvieron por su asesinato. Quince, desde que el juez confirmó la condena que habían dictado los medios a pesar de que nunca apareció el cadáver. No quería volver a ver a los periodistas revolotear como buitres sobre mí. No quería ver al padre de Sandro azuzando a los buitres sobre mí. Durante los primeros meses en prisión, la presencia del padre de Sandro en los telediarios exigiendo penas más duras para delitos como el mío era constante. Poco a poco fue desapareciendo. Lo último que supe de él, hace ocho o nueve años, fue que lo habían expulsado del partido ultraderechista con el que llegó a ser concejal. Parecía que el padre de Sandro se había olvidado de mí, que la prensa se había olvidado de mí, que la sociedad se había olvidado de mi. Era lo mejor que me podía pasar para reiniciar mi vida en libertad. Pero no me convencí hasta que salí a la explanada vacía a la puerta de la cárcel.
En el autobús que me llevó a la capital, nadie se sentó a mi lado. Habían visto dónde había subido. Sin embargo, al apearme, dejé de sentirme observado. Me vi reflejado en un escaparate. No tenía mala pinta. Podía inspirar tanta confianza como cualquiera de los otros transeúntes. Fui a una biblioteca para sacar un billete a Amsterdam por internet.
Al día siguiente, volé. Solo al llegar a mi destino, saqué la tarjeta de la cartera para confirmar la dirección. Lutmastraat 17. Llamé al número que tenía apuntado.
- ¿Ya has llegado?
- Sí.
- Estoy ahí en cinco minutos.
Cuando llegó nos abrazamos. Un largo abrazo.
- Muchas gracias por no haber dicho nada todo este tiempo.
- Te prometí que no lo haría.
Volví a abrazarlo e intenté besarle. Me apartó.
- Mi vida ha cambiado mucho. Ya no hay sitio para ti, así.
- Mi vida ha cambiado más. Se ha jodido por completo.
- Seguirás recibiendo un ingreso cada mes. Fuiste muy generoso y yo también lo seré.
Me di media vuelta y empecé a alejarme.
- Siempre te estaré agradecido. - Me gritó. - Sabes que no podía vivir un minuto más con el hijo de puta de mi padre.
- Vete a la mierda, Sandro. Y no te olvides ningún mes de pagarme.

sábado, 8 de febrero de 2020

1Q84

Hace pocos años, todo el mundo hablaba de Haruki Murakami. Tengo que leerlo, tengo que leerlo... pero no lo he leído hasta ahora. Tenía que haberlo hecho antes. He empezado por 1Q84. Dos historias, aparentemente independientes y algo anodinas. Una, tirando a truculenta. La otra, más bien costumbrista. Poco a poco, van apareciendo pinceladas que permiten atisbar que ambas historias tiene algo en común. Poco a poco, las dos historias se van adentrando en la fantasía. He acabado enganchado a las peripecias de Tengo y Aomame. El ebook que compré contenía los libros 1 y 2. Ahora descansaré. Han sido seiscientas páginas muy intensas. Pero, cuando acabe el próximo libro, me pondré con el libro 3.

viernes, 20 de diciembre de 2019

Las ninfas

Fue en 1993. Paco (entonces se le llamaba así) Umbral montó un pollo en un programa de Mercedes Milá que ha llegado hasta nuestros días como ejemplo de la actitud egoísta del que solo se preocupa de lo suyo. Yo he venido aquí a hablar de mi libro.
Hace 26 años, Francisco Umbral me caía mal, me parecía un señor mayor que intentaba parecer moderno. No como Cela, que era un señor mayor que se comportaba como un señor mayor. Aquella anécdota hizo que me cayera aún peor. Hasta hoy no había leído ningún libro de Umbral. Y me ha sorprendido gratamente.
Esta novela, premiada con el Nadal en 1975, narra la adolescencia de un aspirante a escritor de una capital de provincia. Ha pasado poco tiempo desde el fin de la Guerra Civil, pero para los jóvenes se respira cierta libertad. O eso parece. La represión moral, más asfixiante que la política, amarga las incipientes ilusiones del protagonista y los secundarios.

El libro lo he dejado en https://goo.gl/maps/ahdX7TdDZMrmeBtp7


viernes, 13 de diciembre de 2019

El astillero

Acabo la novela con la sensación de que me he perdido, que no he entendido muchas cosas.
Busco en internet información sobre la novela para no poner muchas burradas en este comentario.
Descubro que es la segunda parte de otra novela, "La vida breve". Empiezo a entender por qué no he entendido.
Encuentro una crítica de Ernesto Ayala Dip en la que ensalza la novela, aunque manifiesta que tampoco la entiende.
Quizá si leyese "La vida breve"... Pero no creo que lo haga. Se me ha hecho muy cuesta arriba.

martes, 19 de noviembre de 2019

Viaje a La Alcarria y Nuevo Viaje a La Alcarria.

A principios de los 40, Camilo José Cela visitaba La Alcarria a pie. Retrataba una comarca pobre que acababa de sufrir una guerra civil. Un trauma brutal. Sin embargo, de esas páginas se desprendía un ligero optimismo, la esperanza de que lo peor había pasado y que tenía que ir a mejor.
Cuarenta años después, Cela volvió a visitar La Alcarria. Este segundo viaje lo hizo a bordo de un Rolls y con choferesa. Los alcaldes organizan vistosas recepciones para conseguir una foto al lado del insigne escritor. La miseria ha desaparecido y el relato trancurre de comilona en comilona. Pero este relato, aun siendo de tono humorístico, me ha dejado un poco de pena. En él asistimos al vaciamiento de la España interior justo en el momento en que ya no tiene vuelta atrás.
Cuarenta años más tarde, he leído, uno detrás de otro y en riguroso orden cronológico, los dos libros. Camilo José Cela ya no está. Su premio Nobel se recuerda poco y algunos de los pueblos que visitó estarán hoy, ochenta años después de su primera visita, totalmente vacíos.